La mujer y la lectura

Sobre el acceso de las mujeres a la alfabetización a nivel mundial.

<b>Noviembre 1998</b>
Noviembre 1998


La mujer y la lectura, su acceso a la cultura para el desarrollo

Josefina Pontoriero de Baglivo

Desde la época colonial se puso de manifiesto la imposibilidad de la mujer para aspirar a cultivar su espíritu a través de la lectura, rindiendo a un perfeccionamiento progresivo.

El libro no abundaba, los diarios y revistas no existían y la lejanía de la Europa civilizada de donde llegaba toda información, dificultaba el acceso a la misma.

En Argentina de comienzos del siglo XIX solo un grupo privilegiado podía acceder a los libros, y al estudio.

Pero nada de ello fue accesible a la mujer sino por medios indirectos. No estaba bien vis to que la mujer aprendiera a leer y escribir para después, a través de la lectura, poder contactarse.

Hoy ya estamos casi comenzando el siglo XXI, y con el avance de la computarización es más necesario ofrecer garantías reales a la enseñanza de la lectura y escritura, tanto a niños como a adultos.

A través de la lectura como de la escritura, las personas no solamente reciben información, sino que reactivan todas aquellas actividades cerebro intensivas que las posicionara en el contexto del mundo moderno.

Como dato comparativo y según Fuentes de la UNESCO, en USA se leen lo textos por alumno, en Argentina se Ie en 0.7 yen España 6.5 (datos de 1995).

En el proceso cultural de desarrollo de la persona hay dos etapas: una es la suministrada por la información, y otra es el procesamiento de la misma para producir un cambio positivo. Sin la lectura comprensiva es imposible que el individuo acceda a dicha información y, por consiguiente, a que se operen cambios favorables en su persona.

El analfabetismo sigue creciendo lentamente. La población mundial es aproximadamente de 1.000 millones, mas que a principios de los '60.

La relación pobreza-falta de escolaridad persiste y tiende a ser cada vez mas alta, ya que los niños de lo años y mas, que no recurren al colegio, engrosaran las filas del analfabetismo considerablemente a comienzos del nuevo siglo.

En Asia, el porcentaje del analfabetismo asciende al 27.7% en la población de 15 años y más. De este porcentaje, el 19.1 % son varones, y casi el doble (36.6% son mujeres).

En Africa, el porcentaje de analfabetismo, según datos de 1995, es del 43.8% (35.5% en varones y 54% en mujeres), es decir, un punto inferior al indice mundial de mediados de siglo.

Dentro del marco de esta problemática, cada vez hay mas mujeres analfabetas o que no poseen los elementos mínimos indispensables para poder descifrar un mensaje escrito.

Las mujeres representan dos tercios de la población mundial analfabeta, y un porcentaje similar de niñas que no concurren a clase.

En nuestro país un 5% de adultos son analfabetos, y un 6% de las mujeres argentinas también lo son -un punto más- según el último anuario mundial de la UNESCO.

En nuestra Capital Federal, de un total de 2.965.403 habitantes, la población de lo años y mas que asistió pero ya no asiste a clase, es de 150.188 personas, de las cuales 52.632 son varones y 97.556 son mujeres, y la población de lo años y mas que nunca asistió es de 23.739, con 7.566 varones y 16.173 mujeres (Censo Nacional de 1991).

En el mismo año, en España, había 1.170 mujeres de 16 años analfabetas, frente a 439 hombres.

La disponibilidad del sistema de información proporciona capacidad de adaptarse a condiciones cambiantes y de anticipación, lo que representa una ventaja para la toma de decisiones. Cuantos mas ciudadanos están en condiciones de tomar decisiones es porque están mejor informados.

Todo esto nos hace reflexionar cuan necesaria es la información para la integración. De lo contrario, el ser humano es segregado del contexto social.

Juan Pablo II advirtió sobre la necesidad de reconocer la dignidad de la mujer y sus aspiraciones, señalando que «igualdad de dignidad no significa ser idéntica al hombre ... perdiendo los valores propios de la feminidad».

Cuando la mujer puede transmitir plenamente sus dones a la comunidad, cambia en forma positiva la comprensión de la sociedad.

De esta forma viviremos en una verdadera democratización de la cultura, legitimando definitivamente los valores de la misma.