El caracol mochilero

Reseña del libro de Hebe Solves, El caracol mochilero.

<b>Octubre 2006</b>
Octubre 2006


El Caracol Mochilero de Hebe Solves

María Ruth Pardo Belgrano

El Caracol Mochilero,¿poesía infantil? ¿ o poesía?. Elijo poesía, aunque no descarto que sea poesía infantil. ¿Por qué poesía? Porque el misterio poético, cuando nace de una intuición muy íntima, de una necesidad estética, se da tanto en la creación para adultos como para chicos. Además, es preciso distinguir que, en la poesía,un sector de creaciones atrae al lector u oyente infantil, un sector cuyos límites no son claros, se diluyen. En los poemarios de Nalé Roxlo, Fernández Moreno, Machado, Alberti, por citar solo algunos, se hallan poemas que deleitan tanto a chicos como a grandes. Y hay otro sector que les está dedicado ex profeso, integrado por poemas plasmados en torno de motivos, ritmos, imágenes, recursos cercanos a su afectividad y que, si son genuinos, productos de esa intuición creadora, no están condicionados ni limitados. Al igual que quien escribe para adultos, el creador para chicos indaga en su interioridad, en los repliegues de su pasado y rescata sus vivencias con una actitud más lúdica, con sabor a infancia. Sin recetas. No se es poeta por conocer el mundo de los chicos o versificar con cierta facilidad. Estos saberes pueden fundirse con una fuerza creadora, estética pero, por sí solos, no son poesía. Suele ocurrir, también, que algunos piensen que la poesía infantil es un género menor, un juego lingüístico más o menos logrado; no hay que confundirse, las edades de los receptores no implican disminución de la calidad. ¿Quién duda del valor de las Canciones para niños de Federico García Lorca como El lagarto está llorando o Caracola?

Hecha esta salvedad de que la poesía infantil es poesía siempre y cuando responda a una fuerza creadora, les diré que leí, miré, escuché El Caracol Mochilero con deleite y, también, con actitud crítica.

Sentí que Hebe se había sumergido en un mundo lejano pero de todos los tiempos y lo transformó, en palabras rítmicas y sugerentes.

Traté de penetrar en su poesía, en su capacidad de ensueño, en sus experiencias líricas, con una infancia de abuela, cuentos, música, mucha música que se le impusieron como un juego poético. De su mochila saltaron el caracol con su destino enroscado, sus sueños y esa sombra con ansias de subir que siempre lo sigue; el yacaré triste que “no nada ni se resiste” o quizá “está escondido y jugando”, el pato de los misterios ,¿colorado y verde?, ¿o verde?, ¿o colorado?; la mariposa y la mosca con sus creencias sin respuestas; el sapo soñador, el bichito del tamarisco. Y junto a los animales, el mundo vegetal; el árbol, con su sombra nostálgica de un beso; la manzana “una sombrita perdida”, rodando por el monte; las palmeras, una alta, otra chiquita, una gorda, otra cualquiera, un problema para los pajaritos que no saben cuál elegir.

Más allá del juego de imágenes visuales y de movimiento, ¿no será este poema una invitación a rescatar el canto como un medio para sobrellevar mejor las dificultades?,¿ un comprender que la vida merece vivirse en un lugar, pequeño, grande, alto o cualquiera?

Al animismo animal y vegetal se suma la lluvia: “Una gota va cayendo/ de hoja en hoja/ hasta la tierra mojada”. Una lluvia que, como una madre tierna, acuna el sueño de la muñequita, de la luna y hasta de aquella primera gota y nos contagia su ternura, “la poética,la sublime, la encantadora lluvia”, como la calificara Eduardo Wilde.

También el camino, el fogón, el piano cobran una vida distinta. El camino por su carga afectiva: “De noche / la oscuridad/ cubre el camino de sombra / si mis amigos se van.” Una vez más la sombra, una palabra recurrente que, en parte por su índole, aparece, desaparece, se transforma. Multiforme, acompaña al caracol y desea subir; en el árbol, es complice del beso; se vuelve sombrita con la manzana que cae de la rama; refleja tristeza ante la ausencia de los amigos y hasta cambia los ojos del gato. Y Sombra ajena es el nombre de un poemario de Hebe para adultos.

El fogón es eje de un sueño compartido y el piano, otra constante en su creación –En lugar del piano- es el título de su libro de poemas de 1977, inunda y traspasa las paredes de melodías: “cuatro paredes de aire / sonoras/ tienen adentro una casa/ con su piano / hora tras hora.”

Hebe tiene la facultad de animar seres y objetos de la vida cotidiana. Al humanizarlos, los asciende a un plano de maravilla, entendida la maravilla como la aceptación de la coexistencia de lo real y lo irreal, sin discutir, al igual que en los cuentos de hadas cuyos prodigios se admiten sin objeciones. Anima el olvido, un olvido que no sabemos si es de la niña a la muñeca, o de la muñeca a la niña o de la distancia que las separa y el poema, aún con su propio olvido, revive la calidez de la relación con un juguete querido.

En la variedad de motivos de El Caracol Mochilero, El encuentro con solo diez versos, plásticos y eufónicos, emociona por su relación entre las cosas y la alegría del hallazgo del otro, por sus sugerencias: “Dos se encontraron / en la plaza del pueblo / fuera de horario./ Nadie los vio. / Solamente el campanario / que / desde entonces /, hace sonar las campanas/ sin ton ni son/ todo el año.”

¿Un poema para chicos o para todas las edades?

El Caracol Mochilero se cierra con Todo se acaba. Se acaba “el río en el mar”, la noche en la mañana”, “el tiempo de andar jugando” y mucho más. El poema concluye con estos versos: “Todo se acaba / o se está acabando/ como el poema que, verso a verso, / viene llegando el silencio / de color blanco”.

El blanco como silencio, como voz que calla. Se acaba el verso pero comienza el soñar, el pensar y el sentir, el renacer de aquel niño o de aquella niña que todos llevamos dentro y que Hebe ha tenido la magia de despertar.

Sus poemas evocan y plasman vivencias, emociones, deseos, con expresiones propias, muy suyas y juegos de palabras sonoros, coloridos que abren las puertas de la imaginación y de la fantasía.

Complementa el texto la realización digital de Carlos Muslera, su hijo, que que aúna una bella diagramación y la doble magia de las ilustraciones de Amalia Cernadas y de la música de María Teresa Corral para conformar un todo armónico y artístico.

Hebe, Carlos, Amalia y María Teresa han creado otra forma de comprender, de jugar, de sentir con el texto, con la imagen, con la canción, con el “mouse” o “ratón. Palabras caracoladas, una mariposa o una mosca en frenético vuelo;el pianito, un dibujo para descubrir sonidos o la creación de un nuevo poema alterando el orden de los versos a la manera de Cortázar, son algunas de las propuestas que enriquecen la lectura de El Caracol Mochilero.

Los chicos disfrutan, descubren otros caminos, desarrollan su fantasía y aprenden jugando.

¿Y los grandes? Tienen la posibilidad de contemplar lo sencillo con nuevos ojos, de sentir como válida la reflexión de Umberto Eco: “ llamaría efecto poético a la capacidad que tiene el texto de generar lecturas siempre diferentes, sin agotarse jamás del todo.”

Eduardo Galeano, en El libro de los abrazos, dice que “todos, toditos tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada.” Celebramos los poemas de Hebe para los chicos, para los grandes, para quienes conservan el alma niña.