Nanas de un abuelo

Nanas, por Elsa P. Vulovic

Julio 2007
Julio 2007


La página de las creaciones

Elsa P. Vulovic

Nanas de un abuelo

Esta es la crónica de un abuelo singular, un abuelo poeta. Sus nanas no son dolores sino cantos a la vida.

Su historia comienza en la ciudad bonaerense de General Las Heras, donde nació el 29 de abril de 1941.

Allí transcurrió la infancia y la juventud, entre objetos que parecen estar borrándose de la memoria colectiva como barquitos de papel, barriletes, bolitas, el cielo inmaculado, un río de travesuras, el aire de la tierra ...

De aquellos tiempos surgieron después de su sentir sonetos como éste:


A la cuadra de la panadería

llegaban los gorriones en escala.

En el delirio, un resplandor de alas

y en los picos, la sed de la porfía.



Florecían el aire azul, venían

en el zumbido que la flecha exhala

a esperar el maestro que, en la pala,

traía, en migas, la labor del día.



Prodigio de alas, digo, y desmesura

en ese remolino electrizante

casi a ras de la tierra, casi a mano...



que en la niebla de harina tersa, pura,

dejaba, en los canastos palpitantes,

el sueño de volar perfecto, humano...



Prodigio de alas de

"Cancel del Alma".

Durante quince años dirigió Páginas, y El Pueblo, periódicos de su pueblo natal vinculados a los afectos pues habían sido fundados por su padre, Don Héctor Ángel, y su tío Felipe cuyo nombre perpetúa la Biblioteca Pública herense.

Casado con una docente como él, la señora María Rosa Licastro, dos hijos alegraron su hogar, María Eugenia Felisa y Héctor José, a quienes dedicaría más adelante su primer libro de canciones de cuna, las Nanas de la Nena Felisa. De esa colección de veintidós poemas se transcribe el primer arrorró dedicado a su niña:


Arrorró la nena,Arrorró muñeca,
la nena Felisa,cabello de oro,
que cuando se duermevestido celeste
no apaga la risa.y mofletes rojos.

Duérmase la nena,Arrorró la nena,
la nena Felisa,corazón de miga,
que deja en mis manos pintada de dulces,
un pan de caricias de llantos, de tizas...


Arrorró la nena,

la nena Felisa,
que cuando se duerme
no apaga la risa.


El libro, publicado por la Asociación Argentina de Lectura en 1997, fue ilustrado por la artista plástica Martha Fracchia. Algunas de sus canciones como Nana de la Hojita del Verde Limón - se han incorporado a antologías de literatura infantil, donde también figuran otras inéditas de su autoría. Ya para ese entonces, nuestro personaje había desarrollado su carrera como maestro bonaerense ; en ella alcanzó el cargo de Inspector de Educación Primaria, desenvolviendo también actividades pedagógicas en el nivel terciario. Entre trabajo y trabajo docente, afloraba el poeta con un Soneto al Sesquicentenario - Primer Premio Círculo de Oficiales de la Policía Federal -. O con una letra de tango: Palabras para Homero Manzi - Primer Premio 1984 Revista Buenos Aires, tango y lo demás -, entre otras creaciones reconocidas. Durante unos años compartió con el recientemente fallecido profesor Norberto Buscaglia - también escritor - la Dirección General de Instituto Félix Fernando Bernasconi del barrio Parque Patricios de la Ciudad de Buenos Aires. Fue un binomio directivo querido y respetado que frecuentaba la Biblioteca Joaquín V. González del referido establecimiento, en amenos encuentros literarios con el personal a cargo del mismo. De esos tiempos surge su vinculación con la Asociación Argentina de Lectura, de la que es socio activo N° ... Premonitoriamente - aún no era abuelo - el poeta de esta historia participó en el concurso sobre poesía infantil organizado por la Universidad de Morón en 2002. Obtuvo el Primer Premio Fryda Schultz de Mantovani, con sus Canciones de Cuna encontradas en el Jardín. Asimismo ganó una mención en la categoría poesía Certamen Dr.Alberto Luis Ponzo de dicha Universidad, con sus Poemas en sepia. Periodista, poeta, docente, ahora sí es abuelo de dos hermosos niños, Felipe - de tres años y Davor, de dos. A ellos dedica sus mejores horas y pensamientos, inmerso en el juego ya no solo lírico de sus poesías. Para el profesor Raúl Héctor de Robles, pues de él se trata, el testimonio de una lectora agradecida.