Año 5 Nro. 4

La lectura - Año 5 Nro. 4 - Publicación de la Asociación Argrentina de Lectura. Sobre el cuento fantástico.

Publicación en línea de la Asociación Argentina de Lectura <br>Año 5 Nro. 4<br><b>Octubre 2001</b>
Publicación en línea de la Asociación Argentina de Lectura
Año 5 Nro. 4
Octubre 2001

LAVALLE 1438. 2° Piso. "15" (2° Cpo.)
(1048) Buenos Aires
Argentina

En memoria de la fantasía

Marina Durañona y Estela Hilaire

¿Y la fantasía?

La fantasía es un don del hombre. La capacidad de navegar imaginativamente por mundos que se desprenden de la rigidez del que nos rodea, nos hace libres, nos pone alas. Así escribía Miguel Hernandez, encerrado entre las cuatro paredes de su celda, en un . momento en que gloriosamente abría la potencia de sus ojos mentales a la contemplación de la risa de un hijo que la crueldad de un entorno agobiante le vedaba a la visión física y natural. Refugiado entonces en la ruptura de todos los limites que le permitía la poesía, se arrancaba los de la cárcel y salía corriendo victoriosamente a buscar la luna que en las coordenadas imaginativas de su universo tributaba como humilde regalo al hijo ausente.

Leer es, como impulso inicial, el coraje de dar el salto a ese otro lado en el que no solo es posible sino necesaria la suspensión momentánea de la incredulidad que reclamaba Colleridge.

Se trata de rubricar el pacto ficcional que provoque la ruptura explosiva de nuestros límites racionales, y para ello el universo del cuento fantástico se convierte en herramienta privilegiada.

Plantear este postulado, profesarlo con convicción, representa un desafío hoy, a comienzos de un siglo XXI que nos enfrenta con la exacerbación de la tecnología y con la fiesta del realismo a ultranza desquiciado a través de los reality shows. Ni siquiera necesitamos estirar la cabeza para espiar, porque todo, desde lo mas universal hasta lo mas intimo se expone sin pudor alguno a través de las pantallas televisivas o más sofisticadamente, a través del flamante mundo de la navegación por redes de computadoras y por universos virtuales.

No es que no implique una nueva forma de maravilla este contacto con el otro que, desafiando los espacios, se nos aparece ante los ojos con solo apretar un boton; no es que no sea alucinante, como diría con explicita connotación cualquier chico de nuestros tiempos, la experiencia de adentrarse en los meandros de la realidad virtual.

Ocurre sencillamente que todo esto sucede tan adentro de nuestro mundo cotidiano, tan al alcance de nuestro nervio óptico, que la mirada se nos ha vuelto perezosa. De alguna manera vemos mucho, sin ser demasiado capaces de mirar. Navegamos superficialmente, con los ojos abiertos, pero no estamos demasiado dispuestos a hundirnos en las profundidades, a cerrar los ojos para ver de otra manera, a ponernos las alas de la imaginación que nos propone la lectura.

La gran batalla se libra en el campo de la voluntad de nuestras mentes del siglo XXI y de su disposición a aceptar el reto.

Se trata de expandir el campo visual hacia otra perspectiva, de ampliar, de incorporar, de sumar imaginativamente.

Pero cuando rozamos la categoría de lo fantástico, se trata ademas de que aceptemos ver lo que habitualmente no puede verse. Etimológicamente, fantástico, del griego fantásticos, significa aquello que se hace visible, quimérico, irreal (1).

Vamos por la quimera de volver a despertar el eco de algún sonido que paradójicamente nos adormeció en años infantiles; vamos ahora a intentar hacer sonar el despertador de esos mismos ojos que supieron intuitivamente mirar el otro lado. Después de todo, aún es tiempo de traernos la luna cuando es preciso.

En memoria de Paulina: cómo leer un cuento fantástico

Sin lugar a dudas, para adquirir el gusto por la lectura de la literatura fantástica, un lector del siglo XXI, se preguntara que es lo que lee y cual es la finalidad del mensaje que llega a sus manos.

Es que el escepticismo de nuestra época no se contentara con la fácil aceptación de esos otros mundos donde se mueven libremente sostenidos por otras leyes (sobrenaturales o religiosas) seres que no tienen cabida en el mundo real.

Tal vez la clave de la propuesta de lectura del cuento fantástico consista en confrontar al lector con la incertidumbre de los parámetros de su propia existencia y en permitirle ver que la literatura fantástica del último siglo se aparra notoriamente de un perfil de ilusión ingenua, para cuestionar los mas profundos enigmas de nuestra existencia como seres humanos.

En algunos de los mas esclarecedores trabajos acerca de la entidad de lo fantástico(2), se plantea que las ficciones consideradas fantásticas se sustentan en el cuestionamiento de la noción de realidad y tematizan el carácter 'ilusorio' de todas las 'evidencias', de todas las 'verdades' transmitidas en que se apoya el hombre de nuestra época y de nuestra cultura para elaborar un modelo interior del mundo y ubicarse en el.

Ya que, según expresa Reisz de Rivarola, lo fantástico nace de la confrontación de dos esferas mutuamente excluyentes: lo posible y lo imposible, sera revelador analizar como se organiza el juego de significaciones en el cuento de Adolfo Bioy Casares, titulado En memoria de Paulina.

Argumentalmente, el cuento puede resumirse de manera sencilla. Un hombre, que es quien narra los sucesos, conoce y ama desde pequeño a una mujer con quien mantiene una estrecha relación de amistad, llamada Paulina. Casi naturalmente deduce que la pareja terminara por convertirse en matrimonio, hasta que un día aparece en medio de la vida de ambos un extraño personaje llamado Julio Montero, de quien Paulina se enamora y con el que se casa, abandonando al protagonista. Descorazonado, el acepta una beca en Inglaterra, y vuelve al cabo de dos años. La primera tarde recibe la visita de Paulina, quien lo toma de la mano y lo mira profundamente. El protagonista oscila entre la felicidad y el asombro que le produce el encuentro, pero rápidamente se entera de que Paulina habia muerto asesinada por Montero, que ahora está preso, en el mismo momento en que el había partido hacia Londres. Piensa entonces, inicialmente gratificado, que el fantasma de Paulina ha vuelto de la muerte para confesarle su amor, pero merced a una serie de indicios termina descubriendo que en realidad lo que ha tenido frente a sus ojos no es el fantasma de Paulina, sino una monstruosa corporización de los celos de su rival, único hombre al que ella ha amado realmente.

Toda la estructura del cuento apunta a crear incertidumbre en el lector y a derrumbar la confiabilidad en sus convicciones.

En primer lugar, los sucesos nos llegan en su totalidad (con excepción de los diálogos incluidos) a través de una primera persona que expresa la voz del protagonista , cuyo nombre no conocemos, pero al que atribuyen características, como la de ser escritor y moverse en un círculo de literatos, que permiten aproximar su identidad la del autor.

De por si, la presentación de los hechos graves de la persona que los vive, exime a s lectores de atribuirle "verdad absoluta", decir que tenemos derecho a preguntarse si es posible confiar en el yo que habla.

Para ampliar el panorama de incertidumbre, la identidad entre narrador y autor desequilibra los límites entre realidad y ficción que sostienen nuestra estabilidad de hombres racionales, y además, cumpliendo m otra de las características del relato fantástico, el narrador incluye cuestionamientos internos que destruyen completamente supuesto de confianza del lector: ¿O todo era un engaño? (Yo estaba enamorado de una proyección de mis preferencias y repulsiones? ¿Nunca había conocido a Paulina?

Para sumar aun mas inquietud a la situación, el pasaje completo de los hechos desde el ámbito de lo posible y verosímil (que abarca la mayor parte del relato) al ámbito : lo imposible (que sólo aparece ante los ojos del lector cuando un personaje secundario le revela al narrador-protagonista la suerte de Paulina) y, desde allí a lo posible pero poco verosímil (la interpretación del significado del fantasma), depende de la visión de este narrador que nos permite dudar de sus palabras.

A esta altura, el lector puede optar por preguntarse simplemente si el hecho ocurrió o no, o por una verdadera actividad detectivesca que le permita esclarecer cómo: elaborar la mecánica de la incertidumbre. En términos de Reisz de Rivarola, "no se ata de saber si el hecho ocurrió o no, como lo plantea Todorov(3) , sino de que su ocurrencia, posible o efectiva aparezca cuestioada". He aquí la clave de lo fantástico.

La curiosidad, herramienta fundamental de lectura activa, le revelara a quien este impuesto a compenetrarse de la aventura, que la visión del personaje esta problematizada desde varios ángulos. En el comienzo del relato, el lector es informado e que para el protagonista, Paulina representa un desdoblamiento enriquecedor: Veía (y aun hoy veo) la identificación con Paulina como la mejor posibilidad de mi ser.

Cuando ya de retorno en Buenos Aires, lo visita la imagen de Paulina, de ambigua interpretación aun para el propio personaje, en un primer momento la comunicación a través de los ojos, le revela la misma fusión: Nos miramos en los ojos y, como dos ríos confluentes, nuestras almas también, unieron. Sin embargo, pocos minutos después cambiara su perspectiva: me pareció distinta. Fue como si descubriera otra versión de Paulina; como si la viera de un modo nuevo.

Finalmente, la interpretación de la identidad y de la significación de esta especie de fantasma se basara íntegramente en indicios recogidos de la imagen que el narrador-protagonista recuerda (primera lente deformante) y que ni siquiera es producto de una contemplación directa, sino de la construcción de un universo enrarecido por la reflexión en un espejo (segunda lente deformante) ..

La visión deformante del personaje es resuelta dentro del relato por una convicción que el narrador se atribuye como real, en oposición al tormento de fantasía que queda relegado ala esfera de Montero, pero la conflictividad de lo fantástico revive y se fortifica en el reconocimiento que hace el personaje de la irremediable superposición que esa fantasía ha tenido sobre su vida cotidiana: Urdir esta fantasía es el tormento de Montero. El mío es más real. Es la convicción de que Paulina no volvió porque estuviera desengañada de su amor. Es fa convicción de que nunca fui su amor. Es la convicción de que Montero no ignoraba aspectos de su vida que solo he conocido indirectamente. Es la convicción de que al tomaría de la mano -en el supuesto momento de la reunión de nuestras almas- obedecí a un ruego de Paulina que ella nunca me dirigió y que mi rival oyó muchas veces.

Por otra parte, el mismo lector curioso y activo sera capaz de percibir que el juego metonímico dentro del relato es múltiple. Por un lado, si acepta el hecho de la aparición del fantasma y no concluye que se trata de una alucinación del narrador-protagonista, estará admitiendo una primera metamorfosis de mujer a fantasma. Por otro, el fantasma de Paulina deja de serlo cuando en la visión (interpretación, convicción) del protagonista se convierte en la proyección temporal de los celos de Montero.

Ahora bien, la cosmovisión que transmite la voz narrativa del protagonista cuestiona las categorías básicas que sustentan el mundo real:

Lo espacial suma "otra dimensión" donde los contrarios pueden coexistir: El espejo reapareció, rodeado de ángeles y de guirnaldas de madera, con Paulina en el centro y el caballito a la derecha. Yo no estaba seguro de que reflejara la habitación. Tal vez la reflejaba, pero de un modo vago y sumario. En cambio el caballito se encabritaba nítidamente en el estante de la biblioteca. La biblioteca abarcaba todo el jemdo y en la oscuridad lateral rondaba un nuevo personaje, que no reconocí en el primer momento. Luego con escaso interés, note que ese personaje era yo.

La escena evocada en el espejo permite el ingreso a un ámbito de contornos imprecisos donde los personajes y los objetos

pueden ser lo que no son y pueden existir donde no existen. La estatua del caballito se sitúa entonces en un espacio que no corresponde al de la situación existencial que le sirve como punto de partida; la habitación en su conjunto no tiene correspondencia exacta con la que es reflejada y, sobre todo, el yo del que mira, se ha vuelto casi irreconocible en su minimización.

Como consecuencia, el tiempo cronológico pierde su secuencia de pasado, presente y futuro y tiende a la suspensión en un presente eterno que incorpora fragmentos del pasado (la estatuilla) e interrumpe la posible continuidad lineal volviéndose sobre si mismo una y otra vez a través del recuerdo.

La imagen en el espejo constituye la gran imagen de lo que no puede ser, pero adquiere su funcionalidad complementando a lo que es. Una vez mas en términos de Jackson, le da cabida a lo ausente y establece así una relacionalidad negativa entre el hombre y su mundo, relacionalidad que incorpora lo imposible en el mundo humano, al mismo tiempo que enfrenta al personaje con el "tormento real" de con vivir con la "fantasía", es decir con la insatisfacción permanente de su deseo.

Vivir En memoria de Paulina condena al narrador-protagonista a la permanente recreación de la imagen contemplada en el espejo.

Leer En memoria de Paulina significa para el lector aceptar la potencia subversiva de las flechas que se le disparan des de la realidad ficcional.

Si la luna que buscaba Miguel Hernandez se cuelga para nuestro hombre contemporáneo de la incertidumbre y de la capacidad perturbadora de animarse a sacudir al agobio de las dictaduras racionales, sin duda la fantasía habra de prestarle la mejor de las escaleras. Porque fantasear hoy es una manera distinta de darse cuenta, es una manera distinta de mirar y, sobre todo, es una manera mas alta de decir yo soy.

Notas

  1. Jackson, Rosemary. El modo fástico. En Fantasy: literatura y subversión. Catálogos Ed. Buenos Aires. 1986.

  2. La obra citada de Rosemary Jackson y las observaciones de Susana Reisz de Rivarola en su libro Teoría y análisis del texto literario. Hachette. Buenos Aires. 1989

  3. Todorov, Tzveran. Introducción a la literatura fantástica. Ed. Tiempo Contemporáneo. Buenos Aires, 1972. Primera ed. en francés: 1970.