La Sociedad del conocimiento

Las posibilidades educativas de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información.

<b>Noviembre 1998</b>
Noviembre 1998


La lectura y las bibliotecas en la Sociedad del Conocimiento

Beatriz J. Perroni

Desde la Biblioteca de Efeso (con su pasaje subterráneo a la "casa del placer") pasando por las conventuales (tipo "El nombre de la Rosa"), las nacidas con la difusión de la imprenta, las públicas y las populares, hasta las especializadas de ultima generación, el rol de estos "Templos de la Sabiduría" como se las designaba antiguamente, ha variado.

Un principio subyace en radas: la conservación de la memoria de la Humanidad. La Biblioteca de Alejandría y la biblioteca escolar que reúne documentación sobre e! barrio y sus habitantes cumplen este principio.

El aumento de !a población, el desarrollo de industrias y servicios que requieran personas "ilustradas" para desempeñarlos, genera este principio: la difusión del conocimiento y la promoción de la lectura para aprehender ese conocimiento. Este principio esta claramente explicitado en la creación de nuestra Biblioteca Nacional, nacida como Biblioteca Publica, y en las bibliotecas publicas de Estados Unidos de América denominadas "Universidad del pueblo".

En general, las bibliotecas no han encarado abiertamente la "difusión" del conocimiento: lo han limitado a ofrecerlo a quienes lo requerían.

En lo que respecta a promoción de la lectura en nuestro país -y en otros­ se la ha entendido, casi exclusivamente, como promoción de la lectura de novelas, cuentos, poesía, "lectura por placer". Posición muy válida y necesaria.

Pero hay otra lectura y otra alfabetización. Se ha hablado de "alfabetización informática"; se podría entonces decir alfabetización librística o alfabetización lapicística, pues en los tres casos nos referimos a medios.

Hace tiempo que en círculos relacionados con la difusión del saber se consideran temas relacionados atinentes a la "alfabetización informativa". ¿Qué significa?

Ya no es suficiente saber leer y escribir; es imprescindible comprender y ser hábil para manejar y aplicar los recursos de la información que genera conocimiento: fuentes, medios para llegar a ella, instituciones públicas y privadas que facilitan su acceso.

Este acceso se abarata mes ames: los equipos permiten agregados para actualizarlos; la enciclopedia de veinte volúmenes requiere e! espacio de un disco compacto, cuesta menos y de hecho algunas, como la Británica ya no se imprimen; alguna librerías ofrecen sus catálogos en línea, en muchos casos con críticas orientativas, lo cual permite a cada tipo de lector seleccionar el material que le interesa; hay, además, muchísima información gratuita y la posibilidad de integrar foros de discusión. Si aparece información "basura", allí (debe estar el bibliotecario que, como en la biblioteca tradicional, indique el camino seguro y ahorre tiempo.

Las bibliotecas escolares, las públicas y las populares deben ofrecer este servicio. Si el comedor es imprescindible para el desarrollo físico y mental, este servicio es imprescindible para el desarrollo de las capacidades personales y de la comunidad, a fin de permitir su inserción plana y fructífera en el mundo actual.

Pero el desafío no es sólo proveer el servicio.

El uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación regulan niveles crecientes de comprensión e interpretación de diferentes lecturas: gráficos, iconos, símbolos, interfaces multimedia.

No es cuestión de esperar grandes planes sociales: en el cumplimiento de la vocación y de la misión de docentes y de bibliotecarios está la clave, especialmente de los docentes de Lengua, por aquello de " ... que enseñe a leer y escribir al de Lengua, que corrija la ortografía y la redacción". Deben ser los primeros en trabajar en equipo: uno maneja la lengua y e! otro los recursos de la información. Y deberían ir incorporando a los docentes de otras asignaturas, sin esperar que "al de Informática" tome el lugar que a ellos les corresponde.

Pienso en mi primera escuela bidocente, en el campo. Los libros que había eran mis libros; algunos libros de lectura para todos; el primer periódico impreso en hectógrafo casero (cola de pescado en lata de dulce). Ni soñar con una enciclopedia, solo hallable en bibliotecas grandes, bien "conservada" en muebles con llave.

Y se lo que puede haber ahora: un equipo completo en la biblioteca, o en el rincón de biblioteca, con luz eléctrica o grupo electrógeno, una línea telefónica o pilas. Y unos cuantos chicos alrededor, probando de a uno, consultando paginas en Internet, museo, bibliotecas, ciudades, juegos. No tendrían un guía inteligente con equipos individuales, pero tendrían la posibilidad de llegar, con su equipo "para todos" a la misma información a la cual llega e! chico del equipo individual, en su aula inteligente.

Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación presentan un desafío: pueden ser un instrumento de democratización del conocimiento o de dominio del mismo por sectores minoritarios.

Que se conviertan en una u otra cosa depende de numerosos facto res. Si bien el factor economico y el factor político son importantes, no son los principales. Docentes que ensenen a leerlas y bibliotecarios que enseñan a usuarias deben ser los motores que impulsen su aprovechamiento.

¿Quién recoge e! guante?

Referencia bibliográfica

CLYDE, LAUREL A. - Internet:

Resources for reading opromotion. Paper of the 64th IFLA General Conference. 1998.

IFLA (FlAB Federacion Internacio­ nal de Asociaciones de Bibliotecarios)