María Luisa Cresta de Leguizamón
“Como y vivo, leo y sueño" (De un afiche venezolano)
El niño, desde muy pequeño, se enfrenta con la palabra, sin saber bien que es, que significa y para que sirve dentro del marco de referencia en que el mismo actúa.
Aprende, muy pronto, que su primera tarea consistirá en descifrar, en reconocer los signos que tiene ante su vista, y si es posible, agregará la ocasión de articular los sonidos que representan.
El maestro suele radical su éxito en esta acción, cumplida del modo mas eficiente posible. El nino se esmera en esa practica de reconocimiento de las palabras.
Sin embargo, el maestro olvida que ese aparente éxito se obtiene a costa de relegar un espacio sin el cual la palabra, el sonido en sí mismo, no alcanzaría su plena vigencia: el que se destina al significado.
¿Se aprende a leer para pronunciar bien los fonemas, o se aprende a leer para buscar que dicen, que evoca la particular combinación de las letras? Una cosa no excluye la otra; más bien diríamos que son necesariamente complementarias. De ahí la dificultad para señalar textos, especialmente para los primeros anos escolares, en los que el lector encuentre un estímulo no solo para la adquisición tan deseada del mecanismo que lo conduzca a una apropiada lingüística, sino también un aliciente para desarrollar su propio imaginario, en base a un contacto mas claro y enriquecedor.
Aquí es cuando aparece lo que llamamos "el factor literario", como un componente imprescindible para lograr que el lector (o el que escucha) desde muy temprana edad y con los recursos de que disponga, entre en relación con el mundo de la cultura cuanto antes.
Investigadores como Bettelheim y Zelan establecen importantes diferencias entre los niños que aprenden a leer en la escuela. Para estos autores, los segundos descifran y reconocen vocablos sin contenidos significativos, mientras que los primeros suelen tomar contacto con textos que los fascinan. Si bien este comentario de fuente tan autorizada no marca una norma general, nuestra experiencia nos inclina a suponer que esta muy cerca de la realidad.
Es importante defender la presencia de la magia que les confiere a las palabras su condición de literarias. El niño distingue muy bien -aunque tenga dificultad de expresarlo- el libro en el que "estudia" y el "otro", ese que sirve menos pero se lo ad hiere a su intimidad como la encarnadura de lo lúdico, lo aventurero, lo misterioso del propio ser. De allí la importancia de vincularlo cuanto antes con ese instrumento lingüístico-literario simbolizado fundamentalmente en el objeto-libro, que le permitiera crecer armónicamente y en buena relación con la sociedad.
La literatura infantil es, ante todo, literatura. En ocasiones, enfatizar el término "infantil" privilegiando el destinatario en forma excesiva, ha conducido a buscar material más bien informativo o moralizante, sin reconocer que también desde la literatura se puede acceder al conocimiento. La obra literaria, por breve y elemental que parezca, no se le entrega al niño como un contenido lineal y puramente denotativo; es mas bien un estímulo para que el mismo agregue sus aportes personales, sus resonancias e interpretaciones, su capacidad de reconocer el grado de comunicación que le permitiera un espontaneo proceso de identificación. Frente al problema que significa seleccionar el material de lectura (o sea la literatura) que vamos a proporcionar a los alumnos de la escuela primaria, e conveniente puntualizar algunas advertencias.
Insistiremos en la importancia que adquiere, para esta función, el mediador o intermediario: el grupo familiar, el adulto en general, el maestro, el animador cultural, el especialista, el bibliotecario. A niños, son los adultos quienes determinan las opciones que pondrán a su alcance. ¿Han reflexionado ellos acerca de la responsabilidad que les cabe en este circuito de educación? ¿Han reflexionado acerca de la necesidad de convivir con un material elegido para destinatarios determinados, los niños? ¿Ha aprobado ese corpus el examen crítico que necesariamente de be atravesar toda escritura que se precie de original, autentica?
El docente puede elaborar sus propios patrones de evaluación; incluso, pueden darse mayores posibilidades de acierto si permite la participación de los protagonistas (los niños lectores), ya de manera directa, ya por medio de encuestas, entrevistas, comentarios escritos y orales.
Es importante señalar la necesidad del reconocimiento de un vínculo que una al lector con la obra y su intermediario, y así privilegiar el lenguaje como un instrumento a través del cual se concreta la relación con el otro. Juan Cervera, al referirse a la capacidad comunicativa de la palabra, afirma que "perrmite no s6lo la transmisión de pensamiento, sentimientos y deseos, sino que condiciona la relación para llegar ala interacción, a la coexistencia y a la cooperación ...
Por eso, una sociedad sin lenguaje es inimaginable. El autor para niños se nos presenta como educador. Educador en el lenguaje -concluyó Cervera- tiene que serlo también en el gusto por la lengua y la literatura". Debemos señalar, aunque parezca una paradoja, el cuidado que deben tener los mediadores para no transformar esta actividad lectora en un ejercicio que suele ir más allá del predio del placer de la lectura apoyado por atractivas propuestas de trabajo, fáciles, extraliterarias.
Es aconsejable, si se quiere acceder a actividades de este tipo, apelar a la propia imaginación y ejercitación de los destinatarios infantiles. Propugnamos proyectos de animación a la lectura, pero elaborados con criterio amplio y de crecimiento permanente, flexible, abierto. Encuentros con autores del medio o invitados especialmente, discusión a cerca de temas particularmente seleccionados, la escritura infantil creativa como resultado del estímulo de una buena lectura de textos variados, el énfasis puestos en los innumerables caminos que abre la fantasía, la fotografía, la imagen móvil, los juegos con las palabras y las ideas, la instauración de "la hora del cuento" (leído o narrado): he aquí algunas estrategias que ayudaran a hacer del niño escolarizado un niño lector.
Un pensador tan autorizado como Marc Soriano dice: "Cuando un niño llega a la adolescencia, ya es muy tarde para intentar que adquiera el gusto por la lectura. Por eso nos interesa especialmente intervenir lo mas temprano posible: para ayudar a nuestros niños a descubrir sus motivaciones y a dominar los mecanismos de la lectura. No olvidemos que, a pesar de todo, es mas fácil educar que reeducar. •