Angelica Lascano de Nogues
Es una tarde de jueves como cualquier otro jueves del año.
Vamos llegando desde las dos y media y alas tres, ya estamos intercambiando novedades y "aggiornando" nuestro fichero. Todas somos mujeres en esta comisión. Una casualidad si es que existen las casualidades.
Un señor de mediana edad nos saluda, se sienta frente a nosotras y pregunta inocente: ¿Aquí le leen a los ciegos?
Se amontonan las respuestas. Aquí, no. Leemos en muchas partes.
No solamente a los ciegos. Vamos a geriátricos. A bibliotecas, a casas particulares ... Aquí inscribimos a voluntarios. También recibimos pedidos de lectura ... Muchas voces le responden hasta que una de nosotras, a pedido de las demás, explica serenamente quienes somos, cuantos somos, que hacemos, como lo hacemos, y el papel protagónico de lectores y oyentes. El aspirante presta atención, interrumpe, comenta ... Luego, nosotras le preguntamos (¿demasiado?); pero los que se acercan a nuestra mesa no se quejan ni se acobardan y terminan, como este señor, firmando la ficha que los admite como miembros del Banco de Horas de Lectura.
Solemos presentarnos así:
El Banco de Horas de Lectura es una institución que surgió gracias a la inspiración de Marta Esther Grivot de Abate, nuestra presidenta, que en ese momento, en 1981, era vicepresidenta de la A.A.L. Ese año la presidenta de la A.A. L. era Elsa de Zuloaga, nuestra actual Vice-presidenta, quien le brindó el apoyo necesario para concretar la original, bellísima idea de ofrecer lectura gratuita a quienes, no pudiendo leer por si mismos, lo solicitaran. Somos una rama solidaria de la A.A.L.
Otra persona se ubica para ser atendida. Es una jovencita ciega que viene acompañada por su madre. Ha escuchado gran parte de la entrevista anterior, y desea indagar sobre algunos temas que le interesan más. ¿Le podrán grabar los apuntes de la Facultad? ¿Puede tener más de una lectora? ¿Es un servicio totalmente gratuito?
Otra vez, un sin fin de respuestas. ¿Ya señale que en la comisión somos todas mujeres? Llueven las explicaciones. Le ofrecemos ala joven estudiante lectura persona a persona y también accedemos a su pedido de grabaciones. Dejamos aclarado que las lectoras voluntarias son nada más que lectoras, y que ofrecen dos horas semanales en un día y hora que se acuerda entre las partes. también, ella se inscribe y una de nosotras es asignada como su coordinadora. Esperara nuestro llamado.
Contamos con más de 300 lectores en actividad. Hombres y mujeres, jóvenes y adultos, en actividad y jubilados, amas de casa, estudiantes, profesionales, de toda clave de religiones, partidos políticos y niveles sociales, económicos y culturales.
Hay anotados mas de 160 oyentes, estudiantes, profesionales, hombres mujeres, niños de PADELAI ... , en diferentes situaciones, de variadísimas condiciones como sucede con los lectores. Nos jactamos de la diversidad, nos enorgullece actuar sin trabas de opiniones, ideologías o creencias.
La lista de espera de lectores sin oyentes es bastante extensa, mas de 150 aspirantes están en ese estado. Pero unos llegan y otros, se van, y en ese fluir constante de personas, se alteran nuestros ficheros, 1se mueven las coordinadoras tratando de cumplir con las demandas. Gracias a Dios por este privilegio.
Ya hemos atendido a varias personas. Mientras termina de llenar la ficha de inscripción para una querida amiga un poco enferma y mucho sola, una señora indaga curiosa: ¿Por qué Banco? ¿Por que ese nombre? Maria Esther, sonriente, deja deslizar su respuesta, y no titubea: el nombre es una metáfora.
Las fundadoras ¿como no iban a usar una metáfora? María Esther ha hecho su vida de poesía y Elsa es profesora de Letras, ambas docentes, consagradas a enseñar, a mirar el mundo con los ojos del alma.
Es un Banco sui generis. No le faltan clientes, ni Directorio. No acumula dinero, no tiene tesorera, ni bienes materiales. Sí, otorga préstamos como lo hacen los bancos comunes. Presta tiempo y buena voluntad de unos clientes a otros que los necesitan. Todos contentos. Los que dan, los que reciben y los que realizan el trámite necesario para que se encuentren.
Es complicado discriminar quien da y quien recibe. Todos parecen creer que son ellos los que reciben. Pero bueno, como nadie pierde, como todos ganan, es un problema sin solución que a este Banco no le quita el sueño.
Es un Banco distinto. Como dice Maráa Esther, una metáfora. Una hermosa metáfora comprometida con el Bien.
Se levanta la reunión. Ya son las 17. Antes de retirarnos hemos comentado la correspondencia recibida del Voluntariado de Horas de Lectura de Rosario agradeciendo nuestra colaboración en la empresa que han iniciado. Su presidenta, la Sra. De Matich, nos envió la copia del Acta Inaugural junto a una carta tan elogiosa, que tuvimos que esforzarnos para que los halagos no nos echaran a perder.
Hemos brindado nuestro conocimiento práctico cada vez que nos ha sido requerido por quienes desean organizar instituciones similares a la nuestra. Alentamos a todos, pues nuestra experiencia es una faceta maravillosa del amor a fa vida, de lo mejor que nos ha pasado, y nos alegra que se propague.
Las integrantes de la Comisión del Banco de Horas de Lectura agradecen la generosa hospitalidad de la Editorial Plus Ultra, en cuyos salones se reunen para cumplir sus actividades, desde hace dieciocho años.