María Elena Walsh: Juglar de la palabra, jugar con las palabras…

Durante los primeros días de un recién nacido año 2011, precisamente el 10 de enero pasado, partía para siempre María Elena Walsh. Figura destacada de la cultura argentina, deja una obra perdurable e inolvidable que se extiende desde las letras (cuentos y teatro para adultos y niños) hasta la música.

Mayo 2011

María Elena Walsh: Juglar de la palabra, jugar con las palabras…  (Primera Parte)

Fernando Gabriel Del Río

“*Si uno puede emocionarse siempre por primera vez, si nunca dejan de sorprenderle las cosas maravillosas, ya puede arrugarse tranquilamente, que nunca envejecerá por dentro.” *

María Elena Walsh “El cuento de la autora”, en “Chaucha y palito”, Ed. Alfaguara Infantil Juvenil, pág. 119)

Durante los primeros días de un recién nacido año 2011, precisamente el 10 de enero pasado, partía para siempre María Elena Walsh. Figura destacada de la cultura argentina, deja una obra perdurable e inolvidable que se extiende desde las letras (cuentos y teatro para adultos y niños) hasta la música.

Dentro de la literatura infantil en lengua castellana su emblemática obra ha marcado un nuevo punto de partida en la manera de concebir tal género literario, despojándolo de un propósito meramente didáctico y sembrando así una diferencia con autores anteriores. Sus cuentos y canciones han formado y forman parte de la memoria colectiva, cultural y afectiva de varias generaciones que aún en la actualidad cantan y cuentan sus historias y personajes.

¿Quién fue María Elena Walsh? El propósito de este primer artículo (de un total de dos) es el de conocer un poco más de cerca esta gran personalidad que ya se va transformando en un mito sin tiempo.

A ver, a ver, a ver…

Esta poeta, escritora, cantautora, música, dramaturga y compositora argentina nació un 1º de febrero de 1930 en Ramos Mejía, un pueblo perteneciente a la provincia de Buenos Aires.

Hija de Enrique Walsh, un ferroviario inglés (trabajaba en la New Western Railway of Buenos Aires (Ferrocarril Oeste de Buenos Aires)) que tocaba el piano y entonaba canciones de su tierra y de Lucia Elena Monsalvo, una argentina descendiente de andaluces y amante de la naturaleza.

De su padre, descendiente de irlandeses e ingleses, hereda su pasión y habilidad por los juegos de palabras, el sutil e irónico humor sajón y el nonsense (el sinsentido, el disparate) de los limericks, ese tipo de poesía humorística de cinco líneas desarrollado en lengua inglesa en donde riman las dos primeras líneas con la última. También tomará influencias y adaptará las nursery rhymes, pequeñas canciones tradicionales inglesas que su padre le cantaba y que serían el elemento clave en la construcción de su obra para niños.

Mi papá me inculcó –por el ejemplo y no por la fuerza- el placer de la buena lectura: Dickens, Perrault, Julio Verne, Lewis Carroll. Y a jugar a las rimas y a las adivinanzas en inglés y en español, como si las palabras fueran otros tantos juguetes.”

Desde el lado de su madre, María Elena reflejará esa sensibilidad romántica producto del amor por la naturaleza que le acompañará toda su vida.

Dueña de una gran timidez salpicada de un espíritu rebelde, la lectura era su gran compañera en la adolescencia. El ambiente familiar, sin duda, era propicio para desplegar una mayor libertad que contrastaba con la tradicional educación de aquellos años. María Elena siempre recordaba su casa como un caserón grande poblado de gatos, limoneros, gallinas, jardín, patios, tortuga, piano, naranjos y rosales. Y libros… Y una higuera. Una higuera cuyas ramas abrazaban a la joven lectora a la hora de la siesta para viajar en libro hacia mundos tan disímiles como “Robinson Crusoe”, “Los Tres Mosqueteros” o “La Cabaña del Tío Tom”.

Por un caminito de aserrín: María Elena y la poesía…

A los 12 años, María Elena Walsh decidió ingresar a la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano. Su deseo y libertad creativa iban más allá de las convenciones sociales de su época para las niñas de su edad. Se esperaba de tales niñas su concurrencia a clases de danzas clásicas, declamación y a convertirse en pequeñas réplicas de Shirley Temple tanto en modos como en apariencia.

“*Mi mamá se ocupó de que no descuidara mis estudios, trató de que fuera menos peleadora y se desesperó por rizarme el pelo, porque entonces –y siempre a causa de las normas de esa dichosa clase media- no se veía con buenos ojos a una nena de pelo lacio: no era ·”fino”.” *

Este alejarse de las expectativas y estereotipos sociales representaban para María Elena una mayor independencia de ese contexto que la limitaba creativamente y que buscaba amoldarla. Muy distinto al clima que vivía en su casa, como antes detallábamos.

Esa percepción de sí misma, distante de tales estereotipos socioculturales es lo que formaría su independencia de opinión, su individualidad ideológica.

En 1945, publicó su primer poema titulado “Elegía” en la revista “El Hogar”, ilustrado por su compañera de colegio Elsa Fábregas.

En 1947, con sólo diecisiete años y al poco tiempo de la muerte de su padre editó su primer libro de poemas, Otoño imperdonable, marcado por las tendencias dominantes de la generación del cuarenta. Este libro recibió el segundo premio Municipal de Poesía (el jurado se excusó diciendo que era demasiado joven para recibir el primer premio). Es un libro que reúne poemas escritos entre sus 14 y 17 años, que sorprendió a grandes escritores hispanoamericanos como Juan Ramón Jiménez (quien, junto a su esposa, la invitará a pasar una temporada en su casa de Maryland, Estados Unidos), Jorge Luis Borges, Pablo Neruda y Silvina Ocampo por la madurez expresiva y el estilo natural de esos versos medidos y estrofas rimadas.

El reconocimiento que la calidad poética de Otoño imperdonable provocó en los círculos literarios argentinos en cierta medida también desestabilizó a su propia familia: María Elena ahora frecuentaba reuniones de sociedades literarias y cafés. Lo que en otras adolescentes era mediocre o simplemente tenía carácter pasajero, en ella se planteaba como profesión. María Elena, al contrario de las adolescentes de su edad, trabajaba con el lenguaje, intentando expresarse a través de la limitación poética de la rima y la métrica.

En libros posteriores (Baladas con Ángel, 1952; Hecho a mano, 1965), fue cambiando los temas: ya no eran poemas tan confesionales o intimistas. Ahora se acercaban más lenguaje coloquial y a la realidad externa, tal como se puede apreciar en poemas como "Carta de recomendación", "Solicitud de empleo","Rechazando una invitación a ir al cine o participar en cualquier otra actividad mundana" o "Eva".

En ese año 1952, se respiraba en Argentina un clima difícil para la joven poeta. El peronismo gobernante imponía como condición de publicación que los autores estuvieran afiliados al partido y exigía a la gente el uso del luto obligatorio por la muerte de Eva Duarte de Perón. Como Maria Elena era opositora al régimen e ideología peronistas, vio pronto las dificultades que se presentaban para escritores y pensadores disidentes. Principalmente, la imposibilidad de publicar sus trabajos y como consecuencia, vivir de su profesión. Ese clima político, social, económico y cultural del país tan adverso a sus convicciones la conducía únicamente hacia una salida posible: el exilio.

El destino elegido, París, representaba todo lo que Argentina no ofrecía: libertad social, ideológica, cultural, emocional. París se desplegaba ante ella con una multiplicidad de estímulos y posibilidades de cambio y desarrollo profesional. Allí se dirigió entonces, luego de reunirse en Panamá con la folclorista Leda Valladares, a quien había conocido por correspondencia y con quien formaría el dúo Leda y María.

Entre 1952 y 1956 residió en la capital francesa, componiendo canciones infantiles y folclóricas. Ya en Argentina realizó programas de televisión para niños y adultos, recorrió el norte del país cantando con Leda y estrenó espectáculos teatrales para niños.

Los cuatro años que Leda y María trabajaron en París significaron no solamente esfuerzo, sino también una buena medida de éxitos y un crecimiento profesional para esas dos cantantes que no se ajustaban al estereotipo del cantante folklórico sudamericano: eran rubias, de ojos claros y con aspecto de intelectuales.

No obstante, poco tiempo después grabaron su primer disco, Le Chant du Monde. A todo esto, la poesía no había quedado abandonada; fue durante sus días en París cuando María Elena Walsh empezó a escribir poemas y canciones para niños.

De esto nos ocuparemos en el próximo artículo…

(Continuará…)