El Gato

Un relato de Andrea Canté.

<b>Octubre 2004</b>
Octubre 2004


El Gato

Andrea Cante

La noche teñida de otoño llegaba silenciosa, abrazando como al des cui do la calle desnuda, profunda y oscura.

Sus pasos latían como un eco perdido en la absoluta soledad. Una o dos ventanas palidecían bajo el sopor del sueno. Sola. Nadie mas que ella y su pensamiento mezclado con el gris del empedrado.

Tres cuadras mas y su casa esperando. El día largo se le había colado entre los dedos y se filtraba en sus ojos opacados par el cansancio.

Dos cuadras mas y el comienzo de la búsqueda eterna: sus llaves .. Dos cuadras mas y un rio de luz bajando por el perfil de su puerta. Donde, donde estaban las malditas llaves ...

Una cuadra. La mas larga, casi eterna.

De pronto, de la profundidad herida del silencio, lo escucho. Lo escucho como se escucha una voz lejana, aguda.

De donde seria, quien sería ...

Camino un poco mas y lo sintió entre sus piernas. Se detuvo y su miedo hizo detener el silencio. Busco en la oscuridad ahogada y lo vio.

Era chiquito con un pelaje oscuro y opaco que insistía en empalidecer el reflejo de la luna.

Como colándose entre las ramas de los arboles, maullaba una y otra vez. Como un llanto su maullido era un desesperado grito de afecto.

Salí,salíte, gato ... ps, fuera che.

Inútil. La seguia. Un paso ella, uno d. Sus bigotes caídos formaban una triste mueca de abandono.

Salite che ... no te puedo llevar a casa, ... fuera gato.

Un paso mas y se le pegaba a las piernas. Era tan chiquito.

Su casa parecía alejarse cada vez mas. El corazón se le arrugaba ante cada espantada.

Fuera gato, ... por favor.

Llegó a la esquina y se sintió aliviada. Pensó que nunca se animaría a cruzar. Pero lo hizo. Como un chico, sin miedo, sin conciencia del peligro.

La llave terca par fin en sus dedos. Se le caen. Otra vez entre sus manos y esa cerradura que no se queda quieta.

La luz fue como una mana abierta. Se aferro a ella, a su calidez, a su soledad. Afuera, el ultimo maullido se quebraba en el silencio.




No fue una noche tranquila. Las pesadillas se juntaban en el pecho dolorido y el calor parecía pegarle sin piedad en su cabeza. El maullido que do flotando entre las piernas y le subía, como una nube hasta llegar a sus oídos.

Fuera gato cargoso, ... fuera.

Sentía los bigotes enredados en sus dedos y los ojos fijos y brillantes como estaqueados en los suyos. En ellos había reproche.

Fuera gato, fuera ...

Ningún vecino la vio mas.

Los diarios se apilaban frente a su puerta, la que permanecía cerrada, como olvidada.

Cuando la encontraron estaba sobre su earn a, como dormida.

Nadie pudo explicar que había pasado pero mucho menos supieron que pensar cuando junto a ella estaba el, sucio y opaco, lamiéndole los dedos, maullando, maullando ...

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