La lectura y los mayores

Bibliotecas populares y centros de jubilados.

<b>Noviembre 2000</b>
Noviembre 2000


La lectura y los mayores

Elsa Plácida Vulovic

Hay centros de jubilados y pensionados dedicados, entre otras actividades que realizan en beneficio de la comunidad, la conformación de bibliotecas populares.

En estos tiempos de vida humana prolongada, la lectura mantiene su vigencia como fuente de conocimiento y de placer para los mayores.

En los lectores veteranos, la lectura del diario sigue siendo un hábito arraigado y una suerte de ritual matutino que, a veces, llega a ser a prueba de nietos.

Se pueden observar ancianos leyendo absortos las noticias del día, cafecito mediante, en los cafés porteños donde se ha adoptado ofrecer junto con el servicio de desayuno, el acceso gratuito a ejemplares de los periódicos de mayor circulación.

Del mismo modo, por imperativo de las presiones económicas se van constituyendo invisibles redes solidarias de amigos o vecinos que intercambian libros, diarios y revistas. Se satisface as!, la necesidad espiritual de leer burlando costas que resultan inaccesibles para muchos.

Otra afición muy popular que implica lectura consiste en la resolución de crucigramas y sopas de letras. De ese modo numerosos mayores enfrentan con juegos de ingenio el acortamiento de las horas de sueno que impone la edad.

Resulta común encontrar personas que han sobrepasado largamente los sesenta anos en las bibliotecas publicas; disfrutan de la lectura al lado de jóvenes estudiantes apremiados por exámenes o trabajos especiales. Aparentemente solitarias están inmersas en el silencioso dialogo que se da con los auto res de los libros escogidos.

Existen clubes de vieja raigambre que tienen bibliotecas publicas a las que se puede acceder con facilidad pues ocupar sectores ubicados antes del con trol de acceso a las instalaciones societarias tales como el Club Gimnasia y Esgrima, situado e Presidente Perón 1154 y el Club Universitario de Buenos Aires, en Viamonte 1560.

Hay centros de jubilado pensionados dedicados, en otras actividades que realizar beneficio de la comunidad, conformación de bibliotecas populares. Uno de ellos, el Centro de Once Abasto de la Avenida Corrientes 3290, dispone de más de mil libros. Esa entidad recibe donaciones de ejemplares en cualquier estado ya que sus integrantes los restauran, clasifican, ordenan. De modo parecido actúa el Centro de Docentes jubilados y Pensionados de Buenos Aires, asociación sin fines de lucro, fundada en 1937 y que funciona en su propia sede,sita en Luis Saenz Peña 342, 7° piso, oficina "C".A través del registro de lectores de su biblioteca circulante surgen a consideración las preferencias de los socios. En un período de cinco años, de 1995 a 1999, los textos mas consultados fueron poesías, biografías de personajes históricos y también los populares, temas de turismo barriales de la Capital Federal y del Gran Buenos Aires.

Una muy buena oferta de servicios gratuitos a tener en cuenta por los lectores mayores la constituyen las bibliotecas dependientes del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Distribuidas en los barrios porteños, ademas de las actividades inherentes a ellas, cuentan con el sector circulante que solo exige para asociarse las siguientes condiciones:

  1. Residir en un radio aproximado de veinte cuadras donde se encuentra la biblioteca más cercana al domicilio (o trabajar en la misma zona de influencia);

  2. Presentar Documento de Identidad y Factura de Servicios actualizada que acredite que el domicilio es real;

  3. Presentar un garante que viva dentro de los límites de la ciudad; el mismo debe presentar los mismos requisitos que los del punto 2;

  4. Llenar con los datos de ambos, la solicitud que se entrega oportunamente en la biblioteca.

Vale la pena tomarse la molestia y acceder al sistema.Cumplido el tramite, alas cuarenta y ocho horas se le otorga el carnet correspondiente, el que habilita al poseedor para el retiro de libros de la biblioteca en la que se ha hecho socio o en cualquiera de la red. Resulta tan cómodo leer en casa, en el rincón predilecto, fuera del movimiento natural de una sala de lectura que obliga la difusión del sistema.

Lamentablemente son pocos los ancianos internados en establecimientos geriátricos que reciben el beneficio de un acompañamiento lector. Los grupos organizados para esa actividad pertenecen la mayoría de los casos a instituciones religiosas, excepto el Banco de Horas de Lectura de la Asociación Argentina de Lectura que ha concretado y concreta numerosas experiencias al respecto. También se dan acciones individuales merecedoras de aliento e imitación.

En lo cotidiano crece el número de propuestas que llegan por correo o se difunden por los medios de comunicación masivos. Provienen de actividades bancarias, crediticias, prestaciones de salud, inmobiliarias, promociones de todo tipo, entre otras. Aqui no se trata tan solo de leer la letra menuda.

Por propia salvaguarda se debe analizar lo que esta escrito y deducir lo que no figura. Lo omitido saltara cuando surgen inconvenientes; nunca sera a favor del usuario.

La lectura sale al rescate de los mayores. Ella suaviza el rudo impacto de nuevas modalidades disociadas de las propias. Iniciados en la practica lectora des de niños, se mantiene el hábito si se cuenta con un razonable estado de salud que incluye en forma determinante la aptitud visual. Esa capacidad lectora revela intactas la curiosidad y el ansia de saber propios de la condición humana; fortalece la independencia con que los mayores deben resolver los problemas del diario vivir. Ofrece un aliento de esperanza sobre el futuro de nuestros pequeños. Los mismos a quienes se dedican las historias mas queridas por medio de la lectura.

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