María Elena Walsh: Juglar de la palabra, jugar con las palabras… (Segunda Parte)

María Elena Walsh: Juglar de la palabra, jugar con las palabras… por Fernando Del Río.

Agosto 2011

María Elena Walsh: Juglar de la palabra, jugar con las palabras… (Segunda Parte)

Fernando Gabriel Del Río 

Uno suele enamorarse mejor de su tierra cuando está lejos. La patria es querida y añorada como la niñez y quizás por eso, por nostalgia, por ganas de volver a jugar en mi propio idioma, empecé a escribir versos para chicos.” 1

María Elena Walsh

En la primera parte de esta reseña sobre la vida de María Elena Walsh hacíamos un recorrido sobre las primeras lecturas de infancia y juventud y su temprana incursión en el mundo de la poesía. Cómo de a poco, desde sus palabras se fue alejando de los convencionalismos de su época para crear y creer con entera libertad.

Luego, vimos como María Elena extiende su horizonte creador al partir hacia París junto a Leda Valladares, con quien inicia una asociación afectiva y artística, formando un dúo de música folklórica. Carnavalitos, bagualas y vidalas de la región andina de Argentina flotaban en ambientes como cafés, boîtes y hasta en el famoso Crazy Horse.

Un destino nuevo y absolutamente distinto se abría en la ciudad y capital francesa ante las jóvenes artistas, en contraste con el clima político y social que se vivía en la Argentina de 1952, en pleno régimen peronista, donde la libertad de pensamiento era perseguida, cuestionada y condenada.

Continuamos entonces, desde aquí, el camino tan interesante que ha dejado su vida…

Entre poemas y canciones…

Como también comentábamos al final de la primera parte, es durante estos años en París, entre 1952 y 1956 cuando María Elena Walsh empieza a escribir poemas, canciones y personajes infantiles que sólo compartía con Leda Valladares:

"Mientras estudiaba Bellas Artes, dibujaba y pintaba, pero después eso no se transformó en creación. En cambio, la música quedó muy profundamente y tiene mucho que ver ese comienzo con lo que hice después: ligar las palabras con la música. Yo consumía mucho versito, mucha nursery rhyme en inglés. No creo que me contaran cuentos, pero vale una cosa por la otra".

Cuando regresan a la Argentina, en 1956, Leda y María comienzan una gran gira por el Noroeste argentino. Estas canciones formarán parte de los dos primeros álbumes del dúo, grabados en el país: Entre valles y quebradas volumen 1 y Entre valles y quebradas volumen 2, ambos de 1957. Los discos fueron muy bien recibidos por artistas e intelectuales vinculados con el folklore. Inclusive llegan a presentarse en la televisión en el viejo canal 7, de la mano de la guionista y libretista María Herminia Avellaneda.

Es por esta época que Leda y María comienzan a tener diferencias artísticas. Por un lado, Leda se interesaba por rescatar la tradición anónima y pura del folklore. María Elena, prefería crear nuevas expresiones con raíces folklóricas pero sin restringirse a ellas.

En el álbum Canciones del tiempo de Maricastaña se verán estas nuevas tendencias que estaban atravesando el dúo en sus trabajos. Hay canciones tradicionales del folklore español mezcladas con nuevas creaciones como El Tururururú, En qué nos parecemos o el Romance del enamorado y la Muerte.

En 1959, Leda y María publican Leda y María cantan villancicos, disco que incluía cuatro villancicos anónimos: uno del norte argentino, otro de Bolivia y dos españoles. En la tapa de este trabajo discográfico se veía la imagen de un niño pequeño sonriendo mientras mira el dibujo de un Papá Noel, apareciendo por primera vez una temática infantil.

Cantar y contar para los más chicos: Canciones para mirar…

Hacia fines de los ’50 y ya en Argentina, María Herminia Avellaneda le ofrece a María Elena escribir guiones de televisión para programas infantiles. Es aquí donde da a conocer sus personajes Doña Disparate y Bambuco.

Esta experiencia hizo nacer en ella la posibilidad de crear algo similar a un “varieté infantil”, en donde confluyeran el espectáculo, el folklore y la música, todas estas vertientes orientadas hacia los niños.

Su tercer libro, Tutú Marambá, no había tenido la repercusión esperada: la niñez ni siquiera era admitida dentro del universo literario. María Elena continuó trabajando en sus poemas y musicalizó algunos de estos para incluirlos en una comedia musical para niños: Los sueños del Rey Bombo (1959).

Nace así en 1960 el LP Canciones de Tutú Marambá, en donde María Elena traslada algunas de las canciones escritas para la televisión: La vaca estudiosa, Canción del pescador, El Reino del Revés y Canción de Titina.

Para 1962, cuando llevó al teatro el renombrado y recordado espectáculo Canciones para mirar, su obra poética, narrativa y musical representaba de manera precisa a los niños argentinos. Autora y obra iban juntas, contra la corriente de los convencionalismos para zambullirse en la fantasía, el descubrimiento y la imaginación y poder mostrar la realidad desde puntos de vista no habituales.

Canciones para mirar estaba compuesta de doce canciones de Walsh, cantadas por Leda y María vestidas como juglares, mientras los actores Alberto Fernández de Rosa y Laura Saniez las representaban mediante el uso de la mímica. Algunas de esas canciones: "La familia Polillal", "El Reino del Revés", "Milonga del hornero", "La Pájara Pinta", "Canción del estornudo", "La mona Jacinta", "Canción del jardinero", "Canción de la vacuna", "Canción de Titina", "Canción para vestirse" y "Canción del pescador".

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En los intervalos entre estas canciones se recitaban monólogos cómicos, una estructura dramática que las autoras habían tomado del Crazy Horse de París, para combinarla con el humor y los ritmos tradicionales, destinados al público infantil. Una hibridación de formatos discursivos.

Lo novedoso de Canciones… (así como de toda su obra infantil en general) era el trato que la autora tenía hacia la audiencia infantil. Sus personajes (sus actores en el escenario) caminaban y hablaban sencilla y normalmente. Muy distintos a los espectáculos infantiles tradicionales.

El espectáculo logró un gran éxito, convirtiéndose en uno de los acontecimientos culturales más importantes de la historia argentina.

Doña Disparate y Bambuco fue la última presentación de Leda y María. El nuevo espectáculo contó con un presupuesto mucho mayor y un elenco de actores prestigiosos (como Lydia Lamaison y Osvaldo Pacheco) En esta obra aparece la Tortuga Manuelita, su personaje más entrañable y conocido, llevado por primera vez al cine por García Ferré en 1999.

Doña Disparate y Bambuco tenía algunos puntos de contacto con el clima onírico de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll, de quien María Elena se consideraba discípula.

Esta serie de canciones, poemas y cuentos breves tomarían luego la forma de sucesivos libros y discos: Tutú Marambá (1960), El reino del revés (1965), Zoo loco (1965), Dailan Kifki (1966), Cuentopos del Gulubú (1966), Versos tradicionales para cebollitas (1967), Canciones para mirar (1963), Canciones para mí (1963), En el país de Nomeacuerdo (1967), Juguemos en el mundo (1968) y Cuentopos (1968), entre otros. La pintora Norah Borges, hermana del célebre escritor Jorge Luis Borges, ilustró alguno de sus libros.

Esto consolidaría el universo infantil construido por María Elena durante la década del ’60 y sería clave en la formación cultural, musical y literaria de muchos argentinos de distintas generaciones.

Cantar y contar para los más grandes: Juguemos en el mundo…

Juguemos en el mundo, su espectáculo de canciones para adultos de 1968, abriría una nueva etapa en la canción popular argentina. Aquí, nuevamente, y ya separada de Leda Valladares, mostraba su estilo de composición libre y temática. Su música estaba construida por melodías inspiradas en diversas y disímiles fuentes tales como el tango, el folklore, el jazz o el rock. Y los temas de sus canciones nutrían a la canción de protesta latinoamericana, con problemáticas tales como la emigración, el peronismo o la pacatería de las clases medias. Este nuevo género de canciones populares expresaba un lenguaje diferente lleno de alusiones, humor e ironía al que tampoco le faltaba una dosis de ternura.

Una de las canciones emblemáticas de este espectáculo era Serenata para la tierra de uno, una canción que expresa a la vez el amor y el dolor por el país, en épocas de obligados exilios, lamentablemente frecuentes entre los artistas de aquellos años:

Porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy con todo y a pesar de todo mi amor yo quiero vivir en vos…”

Junto a María Herminia Avellaneda, con quien, como vimos, había trabajado escribiendo guiones para televisión, decidió escribir y producir una película basada en los personajes de Juguemos en el mundo, en donde reaparecen los personajes de Doña Disparate y Bambuco. La película fue bien recibida por el público y la crítica pero devorada por "La Maquinaria," como María Elena llamaba a la censura.

Nacer y renacer como la cigarra…

Pese al reconocimiento, la película Juguemos en le mundo representó un golpe bajo económicamente para María Elena, lo que la lleva a iniciar una serie de giras y recitales en distintos países iberoamericanos.

Cuando regresa al país cumple uno de los más grandes sueños de su vida: trabajar en el Maipo, el teatro de revistas más importante de la Argentina, donde entre trajes de lamé, plumas y strass estrenó El viejo varieté. Pasó casi todo 1974 en España y el año siguiente a su regreso presentó El buen modo, en el Teatro Regina.

En ese 1974, luego de la muerte de Perón, la violencia había recrudecido:

"No estábamos para buenos modos, nos matábamos por las calles, habíamos entrado en un tenebroso reino de sombras, de los peores modos imaginables" (Dujovne 143).

Vivió los años del Proceso en la Argentina. En 1978 decide dejar de cantar y componer ante la censura imperante y para empezar su lucha personal contra un cáncer óseo que se le había diagnosticado. No obstante, muchas de sus canciones se transforman en símbolos de la lucha por la democracia: Como la cigarra, Canción de cuna para un gobernante, Oración a la Justicia, Canción de caminantes.

Años difíciles para la gran autora, en donde la posibilidad de viajar era un remanso en medio de tanta desolación vivida en el país.

En 1979, María Elena publica en el suplemento cultural del diario Clarín un artículo llamado «Desventuras en el País Jardín-de-Infantes», título que en 1993 retomaría para titular un libro. En este texto la escritora acepta como legítima la acción de la dictadura para reprimir a «la subversión» y «mantener la paz social», pero a su vez también desliza una crítica a la censura imperante, asimilando el país a un jardín de infantes:

Hace tiempo que somos como niños y no podemos decir lo que pensamos o imaginamos. Cuando el censor desaparezca ¡porque alguna vez sucumbirá demolido por una autopista! estaremos decrépitos y sin saber ya qué decir. Habremos olvidado el cómo, el dónde y el cuándo y nos sentaremos en una plaza como la pareja de viejitos del dibujo de Quino que se preguntaban: "¿Nosotros qué éramos...?"

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Reconocimientos, premios y más libros…

María Elena Walsh ha sido galardonada y homenajeada en reiteradas ocasiones y en distintos ámbitos: obtuvo el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC) y el Premio del Fondo Nacional de las Artes. La embajada de Polonia la condecoró con la Orden de la Sonrisa.

En 1985 es nombrada Ciudadana Ilustre de Buenos Aires y en el año 1990, Doctora Honoris Causa, por la Universidad Nacional de Córdoba y Personalidad Ilustre de la Provincia de Buenos Aires. En 1994 aparece la recopilación completa de sus canciones para niños y adultos y en 1997, Manuelita ¿dónde vas?

María Elena Walsh es también autora de un libro de memorias, Novios de antaño, de la recopilación de artículos País jardín de infantes (1990) y del libro de lectura Aire libre (1967).

Su artículo La eñe también es gente en defensa del uso en Internet de esta letra tan propia de la lengua española tuvo gran repercusión internacional:

¡No nos dejemos arrebatar la eñe! Ya nos han birlado los signos de apertura de interrogación y admiración. Ya nos redujeron hasta el apócope [...] Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza, algo muy pequeño, pero menos ñoño de lo que parece [...] La supervivencia de esta letra nos atañe, sin distinción de sexos, credos ni programas de software. Luchemos para no añadir más leña a la hoguera donde se debate nuestro discriminado signo [...] La eñe también es gente.

Nace un mito sin tiempo…

María Elena Walsh, convertida en una verdadera juglaresa de nuestro tiempo, cuando recita y canta también expresa subliminalmente diversas cuestiones sociales. Su creación no es ajena al contexto social, más bien se nutre de éste. Sus poemas, novelas, cuentos, canciones, artículos y ensayos reflejan su compromiso y su preocupación por la sociedad de su tiempo:

"Yo creo que la opinión es lo de menos. Lo de más es el sufrimiento que las cosas que pasan nos ocasionan. Porque no estoy sola en este estado de decepción. Entonces, más grave es lo que sentimos muy profundamente. Podríamos no interesarnos, pero, no sé, es una característica mía estar pendiente de todo cuanto sucede, como es lógico, y más cuando está encaminado a perjudicarnos masivamente.".

María Elena utiliza el nonsense, el juego cultural y lingüístico, no sólo para divertir, sino "también para exigir de su público una participación inteligente y con una cierta sensibilidad" (Luraschi y Sibbald 136).

Como ella misma señalara alguna vez, escribir es más que comunicar, implica concientizar a la vez que ejercer la propia libertad que implica cualquier acto creativo.

Una libertad que nos deja como sendero a seguir para redescubrir su inabarcable obra…

Bibliografía:

Otoño Imperdonable – María Elena Walsh (1947)

Baladas con Ángel – María Elena Walsh (1952). 1998, Compañía Editora Espasa Calpe Argentina S.A. /Seix Barral, Buenos Aires.

Chaucha y Palito – María Elena Walsh (1975) 2000, Colección Alfawalsh, Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara S. A. Buenos Aires. Primera edición.

El diablo inglés – María Elena Walsh (1974) 2000, Colección Alfawalsh, Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara S. A. , Buenos Aires. Primera edición.

Tutú Marambá – María Elena Walsh (1960) 1983, Editorial Sudamericana, Buenos Aires. Decimosexta edición.

Dujovne Ortiz, Alicia. María Elena Walsh. Colección Los juglares. Madrid: Ediciones Júcar, 1982.

Origgi de Monge, Alicia. Textura del disparate. Estudio crítico de la obra infantil de María Elena Walsh. Lugar Editorial. Colección Relecturas; 2004.

Sitios de Interés:

Obra completa literaria y musical:

http://www.imaginaria.com.ar/01/9/walsh3.htm(http://www.imaginaria.com.ar/01/9/walsh3.htm)

Letra y música de las canciones:

http://mariaelenawalsh.com/index.htm(http://mariaelenawalsh.com/index.htm)

http://www.silvitablanco.com.ar/mariaelenawalsh/mariaelenawalsh.htm(http://www.silvitablanco.com.ar/mariaelenawalsh/mariaelenawalsh.htm)

Agradecimientos:

Biblioteca Mariano Pelliza.- Pasaje Cranwell 819 – 4631-0961

1 “El cuento de la autora”, en “Chaucha y palito”, Ed. Alfaguara Infantil Juvenil, pág. 123)

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