Poemario

Poemario por Elba Gallenti

Diciembre 2010

  • Poemario de Elba Gallenti

AHORA

Mientras el tiempo se disipe terco

entre los pliegues

de nubes de nostalgia,

mientras la noche me acompañe en vela

y me arrebaten blandas

las garras del recuerdo,

seguiré buscando la luz de la palabra

que resuena atrapada en mi conciencia.

Cuando la encuentre,

-si alguna vez la encuentro-,

caminaré extasiada cuesta abajo

con el tesoro del verso

entre mis manos.

Mas por ahora,

por ahora, yo sé,

-me cuesta hasta admitirlo-

como una estatua en medio de la plaza

sigo testigo ignorante

del lento evaporarse

de mis horas.

TAL VEZ UN POEMA

Ya no me caben

las sombras que alimento

en los instantes

que besan los silencios

Parajes del desierto

hoy despliegan las alas

y apartan pensamientos.

Y vuelan... Vuelan

desangrando en el aire

el eco que te nombra.

Aterida la tarde está en la espera.

Tal vez decanten vinos añejados, furtivos,

y entonces,

sin mediar pretensiones

cabalgarán palabras

erráticas y tercas

bebiéndose a renglones,

sin que yo las domine,

ese camino arisco y vertical

de mi poema.

OBSTINACION

Tu foto todavía

velando en la pared.

Anclada de memorias

me abrigo en la costumbre

de no tenerte. Entonces,

basta apenas un límite

y luego la resaca impávida de años

y el vértigo, el hastío,

la aspereza vestida

de raso y de silencios.

Y por debajo

el corazón

aleteando

tan tibio

tenaz

irremediablemente empecinado.

TODAVÍA

No sé si mi sueño de vos ha terminado.

Me he levantado y he vuelto a caer,

y sin embargo

ni tiembla la tierra, ni a nadie le importa.

Pero aún cuando se agiten

memorias de tus huellas,

aún cuando respire del adiós

las consecuencias,

todo parecerá vano. Hasta que un día,

en plena conciencia de la tarde,

seremos vos, el horizonte, y yo,

un ocaso tardío que te abrace.

Sí. Todavía me queda la tarde.

ESA ESQUINA

Se deshojan las luces como esclavas

del viento de la tarde.

Aprietan los recuerdos

en el tintinear de marquesinas

que llueven hacia el cielo.

Corrientes y Callao

La Opera, un pocillo

fumante de café.

Se detiene el aliento.

Sólo un sorbo le basta.

Pasmado

el espíritu se abre sin reparos

al insondable devenir

de la nostalgia.

En el aire, el sosiego,

el encuentro conmigo.

Me pierdo en las paredes

consciente de perderme.

En la madera, ausente,

me voy peregrinando.

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