Príncipes hechizados

El tema del príncipe encantado, víctimas de un embrujo, proviene de lejanas culturas, distanciadas entre sí en el tiempo y en el espacio. Monstruo, sapo, cerdo, cocodrilo o serpiente, según las zonas, se transforma en un apuesto joven cuando logra ser amado por una hermosa muchacha.

**Agosto 2008**
Agosto 2008

Un tema de todos los tiempos: Príncipes Hechizados


Prof. María Ruth Pardo Belgrano


El tema del príncipe encantado, víctimas de un embrujo, proviene de lejanas culturas, distanciadas entre sí en el tiempo y en el espacio. Monstruo, sapo, cerdo, cocodrilo o serpiente, según las zonas, se transforma en un apuesto joven cuando logra ser amado por una hermosa muchacha. Con variantes, la historia aparece en cuentos que integran el ciclo del novio animal.

En los cuentos de hadas occidentales, se relaciona con el mito griego de Amor y Psique, escrito por Apuleyo en el siglo II a.C, que desarrolla la trama en torno de un tabú: la prohibición de ver al marido en su verdadera apariencia. En el siglo XIII, el protagonista es Lohengrin, el tradicional caballero del cisne inspirado en un antiguo poema francés, en l697 lo reelabora Perrault y, en l8l2, los hermanos Grimm, entre otros.


En el relato de Madame Leprince de Beaumont, La Bella y la Bestia, Bestia, en su físico, se identifica con un terrorífico animal con voz humana pero atronadora. Un aspecto horrendo que se acentúa en sus reacciones. Se muestra implacable ante el comerciante que ha osado cortar sus rosas y no oculta su molestia, ante el pedido de disculpas y el trato de Monseñor que le asigna el asustado padre. Sin embargo, una vez hecho el trato relacionado con el retorno del caballero o de una de sus hijas para cumplir el castigo, se comporta con una generosidad discorde con su anterior actitud.

Cuando Bella llega al palacio, temerosa y dispuesta a morir, se encuentra con un ser que, pese a su apariencia, se manifiesta cortés y amable. Un ser sincero y humilde que le ofrece lo que posee:“… aquí no hay más dueña que tú. Si te molesto, no tienes más que decírmelo”.

La confesión sobre su fealdad y su escasa inteligencia no le impiden proponerle a Bella que se case con él. La negativa de la joven lo sume en una profunda tristeza que se intensifica diariamente pues cada noche repite la pregunta y siempre obtiene la misma desalentadora respuesta. No obstante, acepta la realidad. “ Sé que soy horrible, pero te amo mucho y soy muy feliz de que quieras permanecer conmigo; prométeme que no me abandonarás nunca”

Bestia se ha enamorado y por ello acepta que Bella retorne a su hogar por unos días, para no apenarla.

La joven no regresa en la fecha prometida y cuando lo hace, encuentra a Bestia sin conocimiento y cree que ha muerto pero, ante la presencia de la amada, el monstruo abre los ojos e insiste en expresarle su amor: “ Olvidaste tu promesa, la pena de perderte me decidió a dejarme morir de hambre pero muero contento, he tenido el placer de verte una vez más.”

El amor de Bestia, romántico y conmovedor, provoca la reacción de Bella, comprende que lo ama, que no puede vivir sin él, que lo quiere como esposo. El hechizo se quiebra. La Bestia desaparece y “ ella ve a sus pies un príncipe más bello que el amor que le agradece haber terminado con su encantamiento”. Ha recuperado su condición normal. El amor de Bella lo ha liberado.


Con variantes, la historia del príncipe hechizado se repite en El príncipe rana , en Riquet el del copete, en Blancaflor y Rojaflor.

El primero, transcripto por los hermanos Grimm de una narración oral, trata la aventura de una princesita que, jugando, pierde su pelota de oro que va a parar al fondo de un lago. Una rana se la devuelve con la condición de que le prometa ser su amiga, comer en su plato y dormir en su cama. La princesa, con tal de recuperar su juguete, acepta la propuesta sin sospechar que la rana reclamará sus derechos y que el rey la obligará a cumplir lo prometido. Ante la imposibilidad de revertir la situación, comparte su comida y su cuarto con el animal pero asqueada lo arroja contra la pared. Instantáneamente la rana se transforma en un bellísimo príncipe. Víctima de un hechizo, al reconquistar su apariencia humana se casa con la jovencita.

A diferencia de La Bella y la Bestia, el embrujo en El príncipe rana se quiebra no por amor sino por rechazo.


Riquet el del copete, relato incluido en los Cuentos de Mamá Oca de Charles Perrault, también trata el tema del príncipe horrible. Feo y contrahecho hasta el punto de que “ se dudó si tenía forma humana”, un hada lo compensó con un talento fuera de lo común y la posibilidad de transmitirlo a quien quisiera. Cuando Riquet contaba siete u ocho años, en un reino vecino nació una princesa hermosísima pero tonta, tan tonta como bella. La misma hada que brindó su apoyo a Riquet concedió a la niña el don de ofrecer su hermosura a quien quisiese.

Cada uno creció en su ámbito y acentuó con los años, el uno su fealdad y su ingenio, la otra, su extraordinario atractivo físico y su torpeza. Con el tiempo se produce el encuentro. Riquet, deslumbrado ante la joven, la enriqueció con su ingenio. La princesa tardó más en transmitirle sus encantos y cuando lo hizo se encontró ante un espléndido príncipe con el que aceptó casarse.

Esta transformación , si bien evidencia connotaciones mágicas desde un comienzo, con el hada que acompaña los nacimientos, tiene, también, una explicación racionalista, e irónica muy propia de Perrault y de su tiempo. Hacia el final del relato el narrador expresa:


“Algunos aseguran que no fueron los encantos de la maga, sino el amor quien operó este cambio; y añaden que habiendo reflexionado la princesa detenidamente sobre la constancia, la discreción y la belleza del alma de su amante, olvidó su deformidad física, hasta el punto de ver en su giba la inclinación propia de un hombre acostumbrado a la meditación y el estudio, y de encontrar en su horrible cojera cierto aire de distinguido contoneo. Dicen aún más: afirman que los bizcos ojos de Riquet parecían a la princesa brillantes y expresivos, y que en la enorme y amoratada nariz del ser amado encontraba ella mucho de heroico y de marcial.”


Otra bestia, no tan repulsiva, es la del cuento que también transcriben los hermanos Grimm, Blancanieve y Rojaflor.

Dos hermanas que viven con su madre en una perdida choza, una fría noche acogen en su hogar a un oso al que ofrecen calor y alimento. Inician una amistad que se afianza con el tiempo hasta que el animal retorna a su madriguera lo que provoca la tristeza de Blancanieve. En sus recorridas por el bosque, las hermanas salvan dos veces a un enano que ha enganchado su barba y lo hacen cortándole parte de ella lo que provoca su indignación y su desagradecimiento. Cuando lo encuentran entre las garras de un águila lo vuelven a salvar pero las ropas se le desgarran. Mientras las insulta, aparece el oso. El enano, aterrorizado, para salvarse, ofrece sus riquezas, para poder huir, y a las jóvenes, para que las coma . El oso lo mata y en ese instante termina el hechizo: cae la piel y queda transformado en un hermoso joven. El malvado enano lo había encantado y arrebatado sus tesoros. Y como oso debía permanecer en el bosque hasta que él muriera. El príncipe casó con Blancanieve, en tanto Rojaflor lo hizo con su hermano.


Bruno Bettelheim explica que los cuentos de hadas apuntan al inconciente, que dicen algo significativo que puede relacionarse con nuestro sexo o con el de los héroes. En el caso de este ciclo, sostiene que sus creadores “creían que para que la unión fuera feliz, la mujer debía superar su disgusto hacia el sexo y su naturaleza animal “,…” lo que solo el amor podía transformar en relación humana”.

Para Cooper, el ser bestial u hostil representa , en un plano, lo violento que cada uno lleva en sí y que es preciso vencer; en otro, la enseñanza de no juzgar por las apariencias y finalmente “ que el poder del amor es más eficaz y poderoso en sus resultados que cualquier hechizo que se haya conjurado.”


Los hechizos de La Bella y la Bestia y de Riquet, el del copete se reemplazan por los dones de un hada que pueden darse a otros pero que, en los hechos, quizás, sean proyecciones de quien se enamora.

En los cuatro relatos de un modo u otro se cumple la aseveración de Paul Hazard, en Los libros, los niños y los hombres : “… en cuanto nace el amor, la fealdad se desvanece”.

Bibliografía


Beaumont, Madame de y d’Aulnoy, Madame de. La belle et la bête et autres contes. France. Hachette. Jeunesse. 1992.

Bettelheim, Bruno. Psycoanalise des contes de fées. Paris. Edition Robert Lafont. 1976.

Cooper, J. C. Cuentos de hadas. Alegoría de los mundos internos. Málaga. Sirio S.A y Buenos Aires, Sirio. 1998.

Grimm. Cuentos completos. Barcelona (España). Labor. 1961.

Pardo Belgrano, María Ruth; Camba, María Elena; Abate, Mireya. El principito y otros príncipes. Clásicos juveniles I. Bs As. Asociación Argentina de Lectura. 2003.

Perrault. Cuentos. Bs As. Librería Hachette. 1957.

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