
Rayuela cotidiana
en el que algunas veces alcanzamos e Cielo
para salir de la Tierra,
de esta urbana humanidad hecha de palabras y
de silencios y de sentidos sin sosiego.
Desterrarme, dejar de ser el caminante
que dibuja itinerarios pedestres.
Un salto. Me basta un generoso salto
para llegar al casillero Tres,
trÃada de la búsqueda ontólogica en donde habita
un trÃptico de sueños, que regala
infinita misericordia y un futuro posible...
pasible de enmiendas.
Un salto. Me basta un apasionado salto
para alcanzar el casillero Cinco.
La libertad metafÃsica cicatriza las heridas
del des-encuentro, del des-amor y pone alas.
Me descubro al fin en vuelo,
ya despojada de antiguas miserias.
Un salto. Me basta un trascendente salto
para ingresar en el casillero Siete,
hangar de ilusos corazones.
Un lugar sin tiempo, sin constelaciones erráticas,
una pausa para elegir el rumbo:
ni aquà ni allá.
Un salto. Me basta un jubiloso y último salto
para saber que llegue al Cielo deseado.
Desnuda de posesiones, resuelta en esperanzas,
voy detrás de ti.
Vengo desde el amor diciendo tu nombre
por esta rayuela interminable.

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Un poema de Norma Salles.