
Un dÃa de gloria
Emilio Bolón Varela (h.)
Estábamos acomodando las valijas en el camarote del tren que nos llevarÃa a Cutral Có, en la provincia de {Neuquén], cuando se escuchó la voz de Horacio -inconfundible- por su acento de Mataderos. ¿Este es el tren que nos lleva al Sud? Sà el que nos lleva al S-U-R.
Esto ocurrÃa aproximadamente por el ano 1965. Viajábamos, Julio, Raymundo, Horacio, Carlos y yo. Nuestra misión tenia por objeto la instalación de un canal de Televisión en la provincia y dirigir las operaciones durante un tiempo. Nos alojamos en el mejor hotel del pueblo que, obviamente, no era de cinco estrellas ni nada por el estilo.
Nuestra llegada, sin duda, no pasó inadvertida. Como dirÃa mi amigo Pancho Guerrero, la palabra TELEVISION es una palabra mágica. Abre todas las puertas. Su simil en el Caribe seria GARDEL.
Los primeros dÃas fueron tediosos, instalación de los equipos, tendido de la red de cable, capacitación de la gente de la zona con "condiciones". Locutores, operadores, maquinistas, utileros... Nuestro objetivo perentorio consistÃa en llevar la señal del Canal, a las casas de los trabajadores y empleados de Y.P.F. que vivÃan en el Campamento Plaza Huincul, vecino a esta población. Luego, lograr una programación sobre la base de material filmadoo pasarles las "benditas" series norteamericanas, tan en boga por aquellos anos. Estuvimos en eso durante unos meses hasta que se decidió emitir "EN VIVO". Para ello nos pusimos en marcha con la tarea de montar el "ESTUDIO". Tarea de titanes teniendo en cuenta la zona, desértica y la falta de medios de todo tipo. En principio nos parecÃa una locura, no obstante ello preparamos la inauguración. Por suerte salió perfecta, con discurso del gobernador incluido y las palabras de aliento de Monseñor De Nevares, sobre el significado de ser pionero, que recordare siempre. Con la satisfacción del "deber cumplido" nos fuimos al hotel.
A la mañana siguiente se nos comunica que visitarÃa Cutral Có el Señor Presidente de la Nación D. Arturo Illia. Con tal motivo se nos invita a una reunión con el personal "adelantado" del gobierno para tal acontecimiento. La misma se efectuó en el comedor del Campamento de Y.P.F. con la presencia de varios funcionarios, todo se desarrollaba según un temario preparado puntillosamente. Nosotros escuchábamos casi distraidamente desde la mesa vecina. De repente uno de ellos nos llama y nos presenta los demás.
- El Señor Director de Ceremonial de la Presidencia ...
- El Señor Director General de Ministerio del Interior ...
Luego señalándome, - el Señor Director del Canal de Televisión ...
Señalando a Horacio - el Señor ... , - el Señor ... Horacio que permanecÃa sentado, se levanta de la silla y Ie contesta - Horacio Casalanguita, pinche. Se escuchaban algunas risas nerviosas. Nos volvemos a sentar.
Uno de ellos nos propone, casi en tono enérgico, que realicemos una transmisión desde el lugar donde arribara el Sr. Presidente Illia. Después de un breve pero intenso momento de perplejidad, le refiero que el Canal es nuevo y que todavÃa no tenÃamos un "vehÃculo para exteriores", técnicos, etc. Ante la notoria insistencia de mi interlocutor y la indudable trascendencia del viaje del Presidente de los argentinos, en un gesto de irracionalidad total, accedimos.
No pude dormir aquella noche. ¿Cómo podrÃamos transmitir el acto presidencial? (Como lo harÃamos?
Todo deberÃa realizarse por lo menos a 500 metros de la Sede del Canal, con las cámaras del "Estudio", sin equipos de control de imagen ni (monitores) y sin saber si salia el sonido "al aire" y sobre todo ¿Quién seria el locutor? Esto último me desesperaba. Al dÃa siguiente recibo un llamado donde se me informa que la transmisión saldrá por la cadena Oficial para todo el paÃs por radio. Simultáneamente, en un comunicado telegráfico, que "para coordinar mejor la transmisión se utilizarÃa un solo locutor y que debÃa ser de nuestro Canal". Tuve la sensación que habÃa llegado el final de mi carrera. Mi audacia me habÃa traicionado. No podÃa decirles que no tenÃamos un profesional responsable y experimentado para garantizar dicha tarea. Seria un inadmisible papelón a esta altura de las circunstancias.
Faltando casi dos horas para la transmisión, se aproximó Horacio y me dijo que el podÃa ser el locutor. Que era actor y estaba habilitado legalmente por un convenio legal recÃproco entre los gremios de acto res y locutores.
- Mi nombre artÃstico es Horacio Salina.
Le dije - ¿No sera Salinas? Asintió con la cabeza en un gesto con cierto desagrado.
Decidà que asà fuese. Siempre intuà que era un "lanzado" ahora estaba seguro de ello.
Ya cerca del mediodÃa aterrizaba el avión presidencial.
Desde la vidriera de un bar de Cutral Co, micrófono en mano, la voz de Horacio Salinas, de profesión "mucanguero" del frigorÃfico Lisandro de La Torre, actor por vocación, semianalfabeto, un "carenciado estructural" decÃa: "ESTIMADOS RADIOESCUCHAS Y TELEVIDENTES, SE HACE PRESENTE EN ESTA CIUDAD, EL Señor PRESIDENTE DON ARTURO ILLIA, QUE VIAJA EN ESTE AVION QUE ESTAMOS VIENDO 0 ESCUCHANDO. EL RUGIDO DE LA MULTITUD LO RECIBE. ¡ES UN DIA DE GLORIA PARA CUTRAL CO!
Minutos mas tarde un grupo de chicas entusiasmadas te pedÃan autógrafos. En realidad era tu propio dÃa de gloria querido Horacio.

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Un relato de Emilio Bolón Varela (h)